sábado, 9 de junio de 2012

A little more touch me; Capítulo: #1

Capítulo: #1

Elige una vida, un empleo, una carrera, una familia, una televisión gigante, un lavarropas, Cds, elige abrelatas electrónico, buena salud, bajo colesterol, hipotecas a plazo fijo, elige una vida. Yo era sastre, tenía una mujer, casa, salud. No podía pedir mas, 24 años de vida, y lo tenía todo bajo control, ya no tenía nada mas que elegir. 


Me había casado a los 23 años, dos años después de dejar la casa de mis padres, la razón principal de mi matrimonio? Falta de sexo, debo confesarlo, amo a mi esposa, pero ya no podía demostrarle mi cariño con simples besos, y no hay otra cosa que puedas hacer por una cristiana mas que casarte por iglesia para que Dios permita nuestra unión física y mental. 


-Ah...-suspiré echándome hacia mi lado de la cama- 


-Iré a ducharme antes de ir a trabajar-dijo mi mujer levantándose entre sábanas- 


Día por medio hacíamos el amor antes de que ella se fuera a trabajar, insatisfecho por su poco sentido de la “aventura” tenía que satisfacer mis necesidades por mis propios medios por lo menos tres veces al día. Necesitaba volver a elegir. 


-Vas a venir mas temprano hoy, verdad?-pregunto ella saliendo de la ducha-no quiero llegar tarde- 


-No Brenda, no llegaremos tarde, estaré aquí a las siete en punto-dije sentándome en la cama- 


Tomé un cigarrillo y lo encendí mientras veía como mi esposa se preparaba para ir a trabajar, una vez lista se acercó y me beso. 


-Me voy-dijo-deja eso de una vez Frank, odio el olor a cigarrillo- 


-Aja....-dije ignorándola- 


-Te veo a la noche-dijo de un grito cerrando la puerta de entrada- 


Me levante desnudo de entre las sabanas y fui directamente a la cocina mientras fumaba mi segundo cigarrillo. Pasivamente me serví una taza de café y la tomé mientras miraba la hermosa vista que había desde mi departamento en un piso 20, se veía casi todo, realmente disfrutaba mucho la vista. Pronto, el trabajo, debía vestirme e ir a atender docenas de clientes, hombres de negocios principalmente, quienes tenían todo lo que deseaban en la vida, todo. Debo admitir que muchos de ellos lograron activar mis sentidos alguna vez, pero mi mente siempre se cerró a lo heterosexual y sabía controlar mis instintos. 


Observé mis manos, llevaba un par de curitas en los dedos, siempre me pinchaba tratando de hacer un dobladillo, no todos los clientes saben quedarse quietos. No solo estaban lastimadas, sino desgastadas por tantas telas que habían rozado, estaba cansado de trabajar, pero amaba mi trabajo, eso, es algo que debía elegir. 



***


Pasé todo el día cosiendo, midiendo, hilos, agujas, metros telas y mas telas por doquier. Mis ojos ya no daban abasto, rendido miré el reloj, eran las cinco de la tarde, en poco tiempo tenía que volver a casa para ir a aquella extraña fiesta a la que nos invitaron los amigos de mi esposa. Devastado me tiré sobre las telas y cerré los ojos esperando que de alguna forma pudiera volver tres años atrás y volver a elegir. 


Con esfuerzo volvía a incorporarme, tomé las llaves de mi auto y manejé a casa. Que iba a ponerme? No era formal, pero era en un salón. Había estado todo el día vestido de traje así que esa fue la primera idea que descarté. 


-Por fin llegas!-gritó mi esposa al verme entrar-pensé que te habías olvidado- 


-No, no lo hice-dije dándole un beso- 


-Rápido amor vístete- 


Decidí simplemente ponerme mis pantalones negros de jean, mi camisa blanca, y mis cinturón. Me despeiné un poco y dejé caer el cabello sobre mi rostro. Que clase de sastre era?, jamás voy a saberlo. 


Mi mujer tomó sus cosas, yo las mías y ambos salimos rumbo al salón. 


-Frank, porquen tienes que peinarte así todos los días?-protesto Brenda- 


-Cual es el problema!?-exclamé-yo no te digo como debes maquillarte- 


-De acuerdo, lo siento-suspiró mirando por la ventana- 


Mujeres. 



***


Dejé el auto estacionado a una cuadra del salón. Bajamos y caminamos lentamente hacia el lugar de donde prevenían hermosas luces blancas y violetas. Le dimos nuestro nombre al recepcionista y nos hizo pasar al salón. Sinceramente era un lugar hermosos, lleno de raras luces y comida por donde miraras. Brenda corrió a saludar a sus amigas y yo la seguí. Saludé a las personas que conocía, la dejé hablando y fui a recorrer el lugar. Paseé por los inmensos pasillos llenos de hermosas obras de arte. Llegué al segundo salón donde había mas gente y comencé a buscar a Brenda, miré pero no pude encontrarla, de golpe choqué con algo. Miré. Un par de ojos verdes, algo pardos, me observaban de frente. No hubo diálogo, el hombre frente a mi sonrió simplemente, al escuchar que alguien lo llamaba se volteó y siguió su camino. 


-Frank!-escuche mi nombre-Frank!- 


No noté que Brenda se dirigía hacia mi, y ni la escuché hasta que zamarreó suavemente mi brazo. 



La miré. 

-Que sucede?-pregunté algo perdido- 


-Te estaba buscando-dijo- 


-Ah, yo a ti también-dije volviendo un poco en mi- 


Me tomó del brazo y comenzamos a caminar entre la gente mientras mis ojos buscaban al hombre con el que me había topado. Unos minutos después lo encontré. Mis ojos se encontraron con los suyos una vez mas nos miramos, nos miramos infinitamente aún entre la gante. Él estaba con una chica, la cual lo arrastraba por el lugar igual que Brenda hacía conmigo. Increíblemente algo se despertó en mi, algo que hizo que cuando mis ojos miraban los suyos, la gente desapareciera. Era inevitable, me estaba derritiendo en su mirada. Esta vez no podía quedarme en mi puerta cerrada y externa a la heterosexualidad, ese hombre, me tenía y yo no me quería escapar. No podía dejar de pensar en todo lo que había bajo el traje que llevaba puesto y en todas las cosas que podría hacer con él. 


Desesperado por no saber que responder a las charlas de mi esposa la dejé con sus amigas y me encaminé hacia el baño. Entré, me miré al espejo y arreglé un poco mi flequillo, me mojé la cara y suspiré sin saber que hacer. En que estaba pensando?. 


Cuando iba a salir la puerta se abrió, era él. Cerró simplemente la puerta a sus espaldas y caminó rápidamente hacia mi; tomó fuertemente el cuello de mi camisa y me empujó con brusquedad metiendome a uno de los baños individuales. No tenía tiempo de pensar nada, no dijo nada, no dio ninguna pausa, me beso desaforadamente. No me desprendí, no lo alejé, lo besé también, y entregado a mis instintos sexuales desabroché su camisa de la misma manera que él me besaba. Al igual que lo hice yo, él también desabrochó mi camisa. En ese momento varias personas entraron al baño, él me miró directamente a los ojos y me sonrió traviesamente. Corriendo la tela de mi camisa empezó a deslizar sus besos a través de mi pecho. Ahogué un gemido y cerré los ojos tomando fuertemente a sus cabellos. Cuando llegó a mi cintura se aferró con sus manos a mi cinturón intentando bajar la prenda un poco mas y empezó a lamer los bordes de mi cintura lentamente. Sentí el calor en mis venas y por todo mi cuerpo, el extraño había despertado mis instintos como nadie lo había hecho jamás. Ambos sentimos la presencia de alguien en el baño junto al nuestro. Él amago una risa, desabrochó mi cinturón y bajó el cierre de mis pantalones; para cuando me quise dar cuenta ya me tenía dentro de su boca. Intenté con todas mis fuerzas no gritar, el baño estaba lleno de gente. Mis dedos se clavaron el las paredes de plástico que nos rodeaban, pronto, sentí sus manos tan suaves subiendo por mi pecho lentamente, al igual que sentía su lengua. Poco después volvió a incorporarse mientras volvía a besar mi cuerpo. Me encontré otra vez con sus ojos, sumido en placer lo miré desesperado por más, así que lo tomé del rostro y lo besé de la misma manera que él lo había echo por primera vez. 


Rápidamente acomodó su ropa, sacó una tarjeta de su bolsillo, me la mostró y la guardó en el bolsillo de mi camisa, besó y mordió mis labios por última vez y salió del baño. Cerré mis ojos y suspiré fuertemente, hacía años que no sentía nada así, creo que nunca había sentido algo así. Acomodé mi ropa yo también, salí del baño y fui a buscar a Brenda, a quien había dejado sola y seguramente estaba buscándome. 


-Hey!-le grité al encontrarla-
-Hola-saludó ella-nos vamos?-
-Si-dije simplemente- 


Tomamos nuestras cosas y nos fuimos a casa. No dejé de pensar en aquel extraño todo el camino, Quien era?, Porque había pasado lo que pasó? No lo sabía, pero de algo estaba seguro, sea quien sea, y sea lo que sea que haya pasado, deseaba hacerlo otra vez. 


Llegamos a casa, Brenda se encerró en el baño a sacarse el maquillaje y ponerse miles de cremas, yo me saqué rápidamente toda la ropa y la puse a lavar, pero antes, saqué la tarjeta del bolsillo de mi camisa y leí: 



“Gerard Arthur Way 

Fotógrafo Profesional.” 


Mas abajo estaba el mail y el teléfono, me pregunté a mi mismo...cuando tendría el valor para llamarlo. 


Gerard...ese era su nombre.

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